| Llevo la nostalgia tatuada a la piel, que pide la lluvia a gritos. Desaparezco? No. más bien me uno a la noche. |
domingo, septiembre 25, 2005
domingo, septiembre 18, 2005
| REVELACIONES No sabía si era de día o de noche, el mundo parecía estar en un punto temporal en medio de la luz y la oscuridad. Había mucho viento, el otoño ya estaba sobre mis hombros, las hojas doradas volaban y algunas se enredaban en mi cabello. Me sentía asfixiada, tenía que salir de ese departamento, antes que las paredes cayeran sobre mi cabeza. Caminé largo tiempo, encontré una calle olvidada, seguí su dirección. Había un bazar en un edificio olvidado, deteriorado. Me acerqué porque los bazares siempre son muy interesantes, te venden piezas de la historia de alguien a muy bajo precio. Un baúl de madera con cerradura de fierro estilo Luis XIV, no soy experta en arte, pero tenía que suponer que esa antigüedad tendría que ser muy cara y si yo iba a comprarla, debía pertenecer al tiempo que yo quisiera. La mujer que atendía el bazar, se acercó a mí para ofrecer su ayuda. Era una mujer de estatura baja, algo gorda, tenía unas largas uñas y una mirada muy escéptica. Le dije que no para quitármela de encima, me molestan las vendedoras; en ese momento descubrí un libro muy particular, que tenía la figura de un árbol seco en la portada, no tenía titulo, ni decía quien lo había escrito. Cuando lo tomé, la mujer me dijo que podía ofrecerme algo mejor, que ese libro era un libro barato de hechicería. La oferta me excito, y pregunte por la proposición. Leeré su mano, dijo la vendedora. Yo estaba emocionada, pues siempre he tenido mucha curiosidad, pero nunca había tenido la oportunidad, sino hasta aquella vez. En el momento de extender mi mano, ella la tomó y la dejó caer, diciendo que no podía, y que tenía que irme. Me asustó y alarmada pregunté el porque. Ella no contestó, dio la vuelta y se alejó rápidamente. Yo estaba muy nerviosa y la seguí, subí las escaleras sin que me viera y fue cuando la encontré estaba hablando con una anciana, era mayor, parecía que tenía cataratas y estaba ciega. Se dirigió a mí y dijo: - Es tiempo, llegó el momento de que sepas quien eres o fuiste en realidad. Sentí un miedo aterrador, pero no hable. - Veamos la verdad de las cartas, del tarot de los antiguos sabios. Un Dragón y una ninfa llevas dentro, luz y oscuridad, pasión y amor. Tienes el corazón dividido, eres tormenta y calma. En un tiempo, antiguo, eras una hechicera, una sacerdotisa, una guerrera al servicio de un Rey. Tú lo amabas, pero, lo traicionaste, la espada que una vez lo defendió, le atravesó el corazón y fuiste castigada por eso. Y el Rey y su sacerdotisa fueron encerrados en un solo cuerpo. En esta vida eres dos, Ollinziuatl. Ahora, debes aprender. Lo vi en mi, y el se vio en mi. Cerré los ojos y estaba en una hoguera en medio de un río, había gente gritándome, lanzando piedras. ¡No, no lo hagan! ¡ Yo, no quería! ¡Yo no soy, ella! ¡Están equivocados, yo no soy ella, yo no vivo aquí! . La gente seguía gritando, encendieron el fuego, yo gritaba que me soltaran, pero no escuchaba mi propia voz, aún así gritaba, ¡Suéltenme! ¡Yo no soy ella!. Vi el cielo, pintarse de rojo, un relámpago cayó atrás de mi, y la lluvia soltó su furia, la hoguera se apagó, ya no estaba atada y salté al río, me sumergí en el agua, llegué a la orilla. Ya estaba muy lejos. Caí sobre el lodo. Cuando abrí los ojos, estaba sola en el edificio, no había gente, parecía que estaba deshabitado desde hacía mucho tiempo. Pero las heridas de la soga en mis manos, aún sangraban… |
jueves, septiembre 15, 2005
La hechicera está herida, tiene una herida de amor que no puede ser sanada, tendrá que taparla al sol, para poder llevarla, la hechicera tiene prohibido amar a la noche, los hombres le temen, le temen porque saben que el amor está en ella, y hoy todos le temen a esa luz. Amara la luna, amará la lluvia, la noche, el cielo, el agua, el amor, pero jamás olvidará el dolor. |
jueves, septiembre 08, 2005
Lluvias de Luna
Había pasado aquella noche por esa calle, lo recuerdo, no había gente y mis pasos se oían en la oscuridad. Había llovido. El delineador se me había corrido, estaba mojada, y no tenía ganas de nada, sino de quitarme los apretados zapatos de tacón. Había salido muy tarde de la oficina, pero eso no me detuvo para dar un paseo, me gusta pasear de noche, me gusta pasear en la oscuridad, pero no en las calles oscuras o tenebrosas, más bien en aquellas en que la luz es tenue y le da el paso sutil a la oscuridad. Iba con la mirada abajo, viendo como mis pies se seguían el uno al otro. Un sonido suave me llegó, cual frescura después de la tempestad. Distinguí una figura esbelta, con un violín en su hombro, comenzó a tocar y yo, me perdí en otro universo, en otro tiempo; de pronto todo había desaparecido, las calles, los altos edificios, las nuevas palmeras, todo, menos él, la música, la oscuridad y yo.
Terminó la pieza. No recuerdo cual era. No me importo recordarla, me importo el trance, el momento magnético entre… ¡bah! Aún no sé si entre la música, el y yo ó sí entre él y yo, o si yo lo había hecho a un lado y era solamente el magnetismo era entre la música y yo. Cómo dije no importa. Tenía una gorra en el piso con unas cuantas monedas. Me acerqué y le dejé un billete de $20 pesos, y un recado que decía: “Por fin Eurídice a encontrado a Orfeo. Soy Julieta número telefónico 44262703 Haz que la noche sea perfecta”. Me fui. Guardé mis manos en los bolsillos del saco y caminé apresuradamente.
Esperé su llamada, no llamó. Dos horas después me había quedado dormida en mi camisón predilecto. El timbre sonó. Me desperté desconcertada y avance, era muy tarde, no abrí. Pregunté quien era y del otro lado alguien contestó: Quiero saber si hay una Eurídice que vive en ésta casa. Abrí lo más serenamente que pude. Le vi los ojos, no recuerdo por cuanto tiempo. Me abrazó de pronto, sus brazos se enroscaron en mi cintura, afuera llovía, y su suéter estaba mojado. No me importo. Sus manos comenzaron a rodearme el cuello, quité el suéter, su piel era húmeda, tenía el color de la arena, mirada profunda, ceja abundante, y había en él una sonrisa sincera. Me besó, nos besamos largo rato, luego sus pies comenzaron a buscar mi cama y cedí. Sus labios parecían abrirse y succionar mi cuello, de una forma tan lenta, que sentía los bellos erizarse comenzando en el tobillo, pasando el pubis, la cintura, el seno y finalmente al mismo cuello. Su piel se mezclaba con la mía, y parecía que nos reconocíamos, parecía que había llegado desde algún otro lugar extraño y habíamos coincidido, sus manos buscaron mis senos que cedían como el barro a sus antojos, apagué la luz, tenía miedo que de pronto todo desapareciera. Mis dedos de los pies se juntaron con los suyos, la ropa no sirvió entonces, era como un objeto extraño a nosotros. No sé cuanto tiempo estuve ahí con él, en la luz y en la oscuridad. Sus dientes mordían sin dolor, su boca parecía no terminar de recorrerme. No sé cuanto tiempo estuvimos amándonos, pero no recuerdo, cuando me venció el cansancio. Sólo recuerdo vagamente su voz en susurros: - Descansa, descansa, duerme, duerme.
Desperté aterrada a media madrugada, - Aquí estoy, aquí estoy, me dijo.
-No sé tu nombre.
-Miguel, me llamo Miguel.
-¡Ah! Miguel cómo el ángel, dije muy bajito y volví a dormir. No sin antes, volver a preguntar:
- ¿Y que signo eres?
- Cáncer, ¿Por qué?-
¡Ja!. Lo sabía, sólo los Cáncer me provocan tantos orgasmos.
-No entiendo.
-Es fácil, Somos signos opuestos, hay una mayor atracción, Soy Capricornio. Se rió apenas y me repitió, envolviéndome con sus brazos, - Duerme, descansa-.
Desperté muy tarde, la luz me quemaba la vista. Cuando mire a mí alrededor… él no estaba. Corrí rápido a las habitaciones y no encontré a nadie. El mundo, se hacía estrecho y me ahogaba. Me acerqué a la cocina buscando agua, y encontré sobre la mesa una flor, una rosa blanca, y un papel que decía:
Te quiero para siempre
Orfeo.
Nunca le vi la cara a la nostalgia tan cerca como ese día.
Terminó la pieza. No recuerdo cual era. No me importo recordarla, me importo el trance, el momento magnético entre… ¡bah! Aún no sé si entre la música, el y yo ó sí entre él y yo, o si yo lo había hecho a un lado y era solamente el magnetismo era entre la música y yo. Cómo dije no importa. Tenía una gorra en el piso con unas cuantas monedas. Me acerqué y le dejé un billete de $20 pesos, y un recado que decía: “Por fin Eurídice a encontrado a Orfeo. Soy Julieta número telefónico 44262703 Haz que la noche sea perfecta”. Me fui. Guardé mis manos en los bolsillos del saco y caminé apresuradamente.
Esperé su llamada, no llamó. Dos horas después me había quedado dormida en mi camisón predilecto. El timbre sonó. Me desperté desconcertada y avance, era muy tarde, no abrí. Pregunté quien era y del otro lado alguien contestó: Quiero saber si hay una Eurídice que vive en ésta casa. Abrí lo más serenamente que pude. Le vi los ojos, no recuerdo por cuanto tiempo. Me abrazó de pronto, sus brazos se enroscaron en mi cintura, afuera llovía, y su suéter estaba mojado. No me importo. Sus manos comenzaron a rodearme el cuello, quité el suéter, su piel era húmeda, tenía el color de la arena, mirada profunda, ceja abundante, y había en él una sonrisa sincera. Me besó, nos besamos largo rato, luego sus pies comenzaron a buscar mi cama y cedí. Sus labios parecían abrirse y succionar mi cuello, de una forma tan lenta, que sentía los bellos erizarse comenzando en el tobillo, pasando el pubis, la cintura, el seno y finalmente al mismo cuello. Su piel se mezclaba con la mía, y parecía que nos reconocíamos, parecía que había llegado desde algún otro lugar extraño y habíamos coincidido, sus manos buscaron mis senos que cedían como el barro a sus antojos, apagué la luz, tenía miedo que de pronto todo desapareciera. Mis dedos de los pies se juntaron con los suyos, la ropa no sirvió entonces, era como un objeto extraño a nosotros. No sé cuanto tiempo estuve ahí con él, en la luz y en la oscuridad. Sus dientes mordían sin dolor, su boca parecía no terminar de recorrerme. No sé cuanto tiempo estuvimos amándonos, pero no recuerdo, cuando me venció el cansancio. Sólo recuerdo vagamente su voz en susurros: - Descansa, descansa, duerme, duerme.
Desperté aterrada a media madrugada, - Aquí estoy, aquí estoy, me dijo.
-No sé tu nombre.
-Miguel, me llamo Miguel.
-¡Ah! Miguel cómo el ángel, dije muy bajito y volví a dormir. No sin antes, volver a preguntar:
- ¿Y que signo eres?
- Cáncer, ¿Por qué?-
¡Ja!. Lo sabía, sólo los Cáncer me provocan tantos orgasmos.
-No entiendo.
-Es fácil, Somos signos opuestos, hay una mayor atracción, Soy Capricornio. Se rió apenas y me repitió, envolviéndome con sus brazos, - Duerme, descansa-.
Desperté muy tarde, la luz me quemaba la vista. Cuando mire a mí alrededor… él no estaba. Corrí rápido a las habitaciones y no encontré a nadie. El mundo, se hacía estrecho y me ahogaba. Me acerqué a la cocina buscando agua, y encontré sobre la mesa una flor, una rosa blanca, y un papel que decía:
Te quiero para siempre
Orfeo.
Nunca le vi la cara a la nostalgia tan cerca como ese día.
